domingo, 15 de enero de 2012

La felicidad cotidiana


Estos días yendo al trabajo reflexionaba sobre mi felicidad. A mi pregunta de si soy feliz mi respuesta es unívoca; por supuesto que lo soy, como seguramente la mayoría de las personas que puedan estar leyendo esta entrada. Sin embargo, ¿quién puede afirmar que lo es 100%? Y sobre todo, ¿quién sabe decir como alcanzar esa totalidad? Ahí es donde me estanco y de donde no puedo salir.

Me levanto por la mañana deseando haberme duchado para poder tomarme mi preciado desayuno. Cuando lo hago, estoy ansiosa por llegar al trabajo y por fin estar allí sentada sin tener que luchar por el sitio en el tren. Cuando estoy en el trabajo sentada lo que quiero es que llegue la hora de la comida para poder hacer una pausa. Cuando termino, me apetece que sean las 18 para poder decirme que queda poco para salir del trabajo. Y cuando son las 18 no veo el momento de estar en casa. Así pasan los días, y así voy alcanzando los pequeños escalones de la felicidad diaria. Una felicidad cotidiana que yo denomino felicidad fácil.

La felicidad fácil tiene ventajas y desventajas, como todo. Lo bueno es que la podemos sentir todos los días y además sin mucho esfuerzo. Lo malo es que esta felicidad fácil, alcanzándola al 100%, en el baremo de la felicidad esto no puede suponer más allá de un 60% de la felicidad total real.

Siempre de camino al trabajo estaba intentando imaginarme dentro de unos años. Y no me resulta muy difícil la verdad. Aunque no voy a desvelar aquí cómo creo que será este panorama porque no viene al caso, tengo que decir que lo imagino con una felicidad cotidiana del 100%, poco ambicioso teniendo en cuenta que faltaría un 40% de felicidad incompleto.

Nuestro problema es que nos cuesta mucho trabajo darnos cuenta de la existencia de estas dos felicidades. Mi gran miedo es echar la vista atrás, con 40 años por ejemplo, y decirme: "he tenido la vida que he querido tener, la vida que esperaba tener" y aún así pensar que habiendo hecho exactamente lo que querías hacer, sólo has sido feliz al 60%.

Y esto es porque no somos valientes. Porque nos resulta muy fácil vivir en la felicidad cotidiana del 100%. En la felicidad de "hoy voy a salir con mis amigos" y "mañana me voy a cenar mi cena favorita". En la felicidad de "voy a pasar el fin de semana con mi familia que me apetece un montón". De manera que cuando tengas 40 años, te darás cuenta de que te queda con un poco de suerte algo más de la mitad de tu vida, y que todo lo que has hecho es haber sido feliz de la manera más fácil que has encontrado.

En este reflexión yo me dije que entonces lo que tenía que hacer es, sabiendo en qué consiste mi felicidad cotidiana y creyendo de alcanzarla y poder alcanzarla al 100%, tratar de averiguar qué forma tiene el 40% que me faltaría para mi felicidad total. Sería esta casi la única manera de poder alcanzarla; sabiendo lo que uno quiere, es más fácil perseguirlo. El problema es que no lo se. Quizás no estoy acostumbrada a pensar en esos términos, porque mientras que sé perfectamente cómo alcanzar la felicidad fácil, de la otra no tengo ni la más remota idea. O quizás sí lo se, pero es incompatible con mi felicidad cotidiana, o con mi entorno, o con mi proyecto seguro a largo plazo o, mejor aún, conmigo misma, mi manera de pensar y mi manera de ver la vida.





martes, 17 de mayo de 2011

La insatisfacción del multiorgasmo


El multiorgasmo es ese valor añadido de la mujer que no se ve pero se proclama. Porque claro, ser multiorgásmica y no contarlo, es como tener dinero y no llevar un Audi. Como en este caso es difícil ir demostrando a diestro y siniestro nuestras más íntimas cualidades, el perfil de la multiorgásmica es la de aquella que lo cuenta como el mayor absoluto secreto para que la noticia sea difundida con la más absoluta resonancia.

Si multiorgasmo es la cualidad de reportar más de un orgasmo en un único acto sexual, tenemos varios tipos de agraciadas:

- la que echa un polvo de 2 horas y por fuerza y aburrimiento acaba alcanzando al menos dos orgasmos durante la ejecución del mismo
- la que echa un polvo normalito, se le medio corta el orgasmo y luego se corre a placer
- la que echa un polvo apoteósico y alcanza el clímax más de una vez, una sola vez en su vida
- la que ni la chupa y le dice al novio "mira cómo se corre tu hembra"

En todo caso, hasta cuando supimos que no era verdad que la masturbación te dejaba ciego, el (multi)orgasmo se conseguía con el coito. El coito se divide en las fases de excitación, meseta, orgasmo y reposo. Imaginemos que en pleno acto sexual con nuestra pareja (o conjunto de personas y/o parejas) nos paramos en el punto 2: en la meseta. La frustración que se desprende del acto hace que el efecto conseguido sea el contrario del esperado. Podemos afirmar por tanto que toda actividad sexual inconclusa es peor que la abstinencia misma. Vamos, uno prefiere no empezar, a que le dejen a medias.

Pues ahora imaginemos a una mujer dotada con la gracia de Dios. Su coito se divide, por ejemplo, en 3 veces cada fase arriba mencionada: excitación, meseta, orgasmo y reposo + excitación, meseta, orgamo y reposo + excitación, meseta, orgasmo y reposo. Para que la actividad sexual se de por acabada, la susodicha debe completar las tres fases completas, lo cual, no nos engañemos, no es siempre fácil. De lo contrario lo que ocurriría es insatisfacción sexual por falta de plenitud en el acto. Esto es, comerte medio kilo de croquetas, sabiendo mientras te las comes que a pesar de no poder más físicamente, necesitas seguir y seguir comiendo para alcanzar la saciedad, que es la única que te produce felicidad, ¿no es en sí mismo la frustración de la propia insatisfacción? Pues sí.

Señores, yo prefiero echar un polvo, y luego otro y luego otro y no necesitar en uno mismo una sobredosis para la satisfacción.

Y dicho esto, me manifiesto porque el aquí te pillo, aquí te mato, no acabe. Lo que firmo en conformidad en Madrid, a 16 de mayo de 2011.

lunes, 10 de mayo de 2010

Sobre la inteligencia en la Isla


No es la primera vez que reflexiono sobre el requisito de inteligencia para los miembros de la Isla. Como sabéis, en la Isla el ciudadano (llamémosle temporalmente así, aunque desde luego el concepto sería caduco) no estará sometido a nada, ni siquiera a un ley que no necesitará. Ningún control será ejercido; de ningún tipo. Cada persona actuará libremente y aún con ello y sin ley no afectará a la individualidad y libertad del otro. Es por eso que como sabéis, se requería una sola imposición y previa: la elección de los miembros de la Isla. La base es que los miembros sean buenos, y no estén corrompidos (¿sería posible encontrar gente pura como tal en la sociedad de hoy, que todo lo transforma en maldad?). Es el requisito para que, en principio, todo funcione.


Pero, ¿qué pasa si mezclamos inteligentes y bobos, si teóricamente lo único que no podemos mezclar son buenos y malos? En principio nada. En principio al bueno listo no le tendría que molestar el (no) acto del bueno tonto. Aunque por ello críe más cabras. Nada se mide, porque el bueno no mide sus actos. No espera del otro la acción, porque el otro es bueno también y simplemente actuará. Por eso, aunque a continuación podría añadir que quizás el listo no sólo críe más cabras sino que además use más las carreteras, no procede. Porque eso nada cambiaría. Todo seguiría funcionando independientemente de la contrapartida obtenida por su inteligencia. Quizás nos es difícil creerlo porque nosotros no somos el miembro ideal. No pasaríamos el control. Pero es que quizás ni yo.


Hay días que odio demasiadas cosas como para poder ser miembro de mi propia Isla. Odio que una persona licenciada en Derecho no sólo no sepa que el contrato teníamos que firmarlo en todas las hojas, sino que además me diga un "no lo sabía" de tono indignado. Mis manías no son pocas, pero mi capacidad de odio a veces supera límites. Borraré el comentario antes de tener que pasar el examen de la Isla ;-)

miércoles, 17 de febrero de 2010

La traición en la promesa de amor

Hoy venía pensando en la traición en la relación "amorosa", para variar. Todo, en torno a la reflexión de la frase: "no te preocupes cariño, confío en tí".

Trataré de explicarme a través de un ejemplo culinario, como no podía ser de otra manera. Isleños, sabéis que un niño odia las lentejas y adora las chuches. Pongamos a un niño y una madre. La madre tiene sobre la mesa unas chucherías. Ella tiene que marcharse, pero antes de hacerlo la mamá le comenta a su hijo: "tengo que irme, no te comas las chuches que si no luego no comes. Confío en tí, ¿eh?". Parece que el comentario sobre la confianza procede en tanto en cuanto existe la posibilidad de que el niño se las coma puesto que le gustan. La madre sin embargo confía en que su hijo, por no defraudarla, a pesar de que tiene ganas de comerse las chucherías, no lo hará. La madre confía en el hijo.


Olvidemos las chuches. Pongamos a un niño y una madre. La madre tiene sobre la mesa un plato de lentejas. Tiene que marcharse pero antes le comenta a su hijo: "tengo que irme, no te comas las lentejas que si no papá no tendrá nada para cenar cuando vuelva. Confío en tí, ¿eh?". Pues bien, este comentario no procede. La madre tiene la certeza de que el niño, que odia las lentejas, no se las va a comer, por lo tanto no ha lugar que la madre se apoye en el concepto de confianza para saber que su hijo no se comerá las lentejas.


Confianza, según la RAE es la "esperanza firme que se tiene de alguien o algo": esperanza pero no certeza. Esperanza en el caso de las chuches de que el niño no se las coma (por lo tanto, procede la confianza), certeza en el caso de las lentejas (por lo tanto, no procede la confianza).


Trasladado a la relación de pareja, si nuestro compañero nos dice "no te preocupes cariño, confío en tí", en realidad, ¿qué nos está diciendo?:


1. que tiene la esperanza y no la certeza de que actuemos de determinada manera

2. que si es esperanza y no certeza, no es 100% seguro que no vaya a ocurrir

3. que si no es 100% seguro que no vaya a ocurrir, tendencialmente tenemos apetencia por actuar en sentido opuesto al esperado

4. que a pesar de nuestra apetencia por actuar en sentido opuesto al deseo de nuestra pareja, esta sabe que actuaremos como se espera de nosotros


Es decir, que nuestra pareja sabe que nos apetece la "traición" pero que no lo vamos a hacer por una promesa de amor que implica respeto.


¿No quiere decir esto que en definitiva entiende y comprende nuestra apetencia por el otro? No puede ser de otra manera. Si sabe que odio las lentejas, ¡no es que confíes en mí!, ¡es que sabes que no me gustan las lentejas!


Para ir más allá, analicemos: realmente, si una persona no traiciona, ¿por qué es?, ¿sólo porque nos digan que confían en nosotros? Puede haber muchos motivos: ese uno de ellos. Otro, porque seamos fieles a una promesa de amor aún cuando este ha caducado. Por qué no, porque no se nos ha presentado la oportunidad. Pero sobre todo, si somos fieles de verdad, de corazón, porque nos sale ser fieles y no porque estemos trabajando a propósito para serlo (en el supuesto de resistencia más difícil, llevando así al extremo el ejemplo para su comprensión) es porque estamos enamorados. No hay mejor antídoto contra la infidelidad que el amor.


En este sentido, un "confío en tí" sería tanto como decir: "a pesar de que se que te apetece ir con este tipo, y de que no estás enamorada de mí, se que no lo harás por nuestra promesa de amor". Por lo tanto, sería mucho más apropiado un "no te preocupes, confío en tu amor por mí" que sería tanto como decir: "se que no te apetece ir con él, porque estás enamorada de mí, y si no lo haces no es porque yo te lo pida o lo espere de tí, sino porque tu amor por mí te lo impide". Esta es la relación pura, la perfecta. Por eso nunca se pronuncia, quizás no exista.


Y si está parecía la cuestión difícil, el enigma no es sino el de siempre. ¿Qué es el amor?, ¿es este imperecedero?

miércoles, 27 de enero de 2010

Respecto al exceso de población en el metro

Venía pensando esta mañana que en el mundo, en Europa, en España, en Madrid, en mi pueblo y en el metro somos demasiados. Y el problema de ello es que nos damos absolutamente igual los unos a los otros. Y cada vez más. Y es una pena que esto nos pase entre personas. Esto en mi isla, no pasaría.

martes, 12 de enero de 2010

La felicidad en una caja


Llevaba unos días queriendo sacar unos minutos (que siempre se alargan a unos cuantos minutos) para ojear la caja que he heredado. Una caja vieja, rosa, de hojalata. Leía ayer en "Uno, nessuno e centomila" que un objeto (como una persona) puede ser percibido por dos personas diferentes con valor absolutamente diverso. Nada nuevo parece si nos quedamos en esta frase, pero sirve para ilustrar lo que al final ya sabemos, que "la belleza está en los ojos del que mira".


Pues bien, entre una casa, unas pocas cifras de euros en el banco y la caja vieja, yo me he llevado la mejor parte. La que no tiene fecha de caducidad, aquella cuyo valor no es efímero. La caja que contiene unas 300 fotos de la vida de mi abuela. Una caja que contiene su felicidad. O al menos, los acontecimientos que se produjeron en su vida, mientras ella fue feliz.


Si hacemos un análisis del contenido de las fotos vemos que la mayoría de ellas están tomadas aproximadamente desde que empieza a "hablar" con mi abuelo hasta que tiene el primer nieto. Entre tanto vemos bodas, nacimientos, fotos de sobrinos, más fotos de sobrinos, fotos de hijos, más fotos de hijos, fotos de comilonas... Fotos en las que siempre una sonrisa explícita o intuida sale de su boca.


Poco a poco, mi abuela deja de ser la protagonista de sus fotos. Deja de ser la protagonista de sus recuerdos. Deja de ser la protagonista de su felicidad. Y es entonces cuando sólo aparecen fotos de sus nietos, y sus nietos, y sus nietos. Siempre con sus hijos. Casi nunca ella.


Y todo para que el tiempo se pare dentro de la caja. Para que ya no haya más recuerdos. La felicidad no existe. No hay fotos. No hay fotos de bodas, ni de comuniones, ni de sobrinos, ni de hijos, ni de nietos. Algún retrato rompe la excepción para dejar ver una abuela que ya no sonríe. Una abuela que no recuerda que tiene una caja con lo mejor de su vida.


Así que abuelita, tú que me has dicho siempre que como herencia sólo me ibas a dejar el malhumor y los juanetes, me has dejado más de lo que podías imaginar. Algo que no puede ser pagado ni con tu casa ni con tu libreta de ahorro. Algo que te ha costado más conseguir que cuatro muros y unas cifras en el banco. Algo por lo que luchaste mucho más que por un techo y unos ahorros. Tu felicidad. Y esta me la llevo conmigo.


Hasta pronto,
Tu nieta favorita

sábado, 7 de noviembre de 2009

El amor en particular: la idealización


Esta isla ha sido creada fruto de una continua reflexión psicosociológica. Si bien la masturbación por ejemplo, la examino más bien desde la perspectiva sociológica y es esta a la cual recurro en mis pensamientos más frecuentemente, hay un tema que me invade desde años día y noche y que sin duda alguno es psicológico (¿instintivo?).

Ya desde antes de leer hace años "Por qué amamos" de Helen Fisher, no podía parar de preguntármelo una y otra vez. Y, ¿qué es el amor? A veces la duda me asfixia, como a Hipatía podría molestarle no resolver el enigma de los planetas. Y pienso de la misma manera que dedicaré mi vida a descifrarlo...

Partiré, como siempre, de la RAE. Esta vez, tres son las definiciones que podrían encajarme según mi objetivo:

1. "Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser".

2. "Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear".

3. "Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo".


De todas ellas puedo resumir que el amor es:

- un sentimiento fuerte
- se da a partir de la existencia de otro ser
- se procurar reciprocidad
- nos completa, alegra
- nos anima a procrear
- implica tendencia de entrega

Añade además la Academia que en el amor, ¡se parte de una insuficiencia!

Efectivamente, el amor puede ser de varios tipos. Pero siempre en relación a la existencia de otra persona. La historia de la humanidad nos muestra que se ama en sentido genérico (a un padre, una madre, un amigo) o de manera particular (aquel del enamoramiento), a la persona con la cual decidimos compartir nuestra vida (teóricamente, porque la mayor parte de las parejas no aman según lo que yo defino amor particular, sino que lo hacen más bien en sentido genérico).

Yo me centraré en el amor particular, que es el que me preocupa. En el estar o no enamorado. Se que es intenso, sí. Se que con él se busca reciprocidad, sí. Discrepo sin embargo con los académicos en opinar que el amor da felicidad, pues como bien sabemos todos, a veces el amor duele. Y añado que, mientras que en el amor en particular siempre existe la idealización, pues es este un requisito imprescindible, en el amor general puede o no existir: un hijo de 6 años opina que su padre es McGyver y lo quiere, de la misma manera que con 20 no lo pensará pero lo querrá igualmente.

La idealización es, para Freud, una "tendencia que impide el juicio". Para el psicólogo, en el amor el yo magnifica cada vez más al objeto hasta que este devora al primero. Umberto Galimberti considera en "Le cose dell'amore" que "el amor no es una condición pasiva sino una construcción activa que transforma una realidad por sí misma insignificante en una fascinación gracias a la idealización que provoca el amor". Galimberti recoge en su obra la consideración al respecto de Giovanni Gentile cuando dice que: "El objeto del amor, cualquiera que sea, no preexiste al amor, sino que es creado por él".

Con todo ello se podría decir de alguna manera que el amor también es ceguera, puesto que supone una supervaloración del objeto creada a partir del yo. Es decir, dado un objeto X, siempre el mismo, podemos tener tantas valoraciones (Y, Z...) como individuos en contacto con X. Algunas de las cuales, considerarán a dicho objeto en manera tal que le atribuirán a determinadas características de X una calificación extremadamente positiva propia de tal idealización (obviando probablemente otras consideradas como más importantes para el resto de los individuos emisores del juicio). O lo que es lo mismo, dada una inteligencia X del individuo X, el emisor del juicio Y considerará que la inteligencia de X es de X+1.


Ahora bien, ¿el amor en particular es eterno? Es decir, ¿puede X amar a Y para siempre? Si bien la Isla suele ser lugar de crítica a los conceptos predefinidos, me arriesgaré esta vez a contestar lo que un poeta o no cantautor hubiera dicho al ser preguntado: sí. Pienso que se el amor en particular es un sentimiento que puede ser fuerte durante toda una vida, y que por tanto tienda a esa unión y reciprocidad (si no con el acto, con el pensamiento). Y también pienso que efectivamente la idealización puede durar toda una vida.


Que sin embargo mantener la idealización constante en el tiempo sea difícil, no lo dudo. Debe ser algo así como la pasión: algo que profundo al principio que se apaga con el tiempo. Estoy afirmando con esto que en la pareja es fácil que (hablamos de porcentajes muy altos) la chispa (idealización - pasión) se pierda. Por lo que, en la mayor parte de matrimonios no existe un amor en particular, sino amor en general: con mayores dosis o no de cariño. ¿Son entonces los matrimonios una farsa?, ¿debemos conformarnos con esto?


Galimberti opina que "bajo la palabra lo que se esconde es también sentimiento de posesión del otro. Seguridad económica, apariencia social, aseguración en la vejez". Yo sustiuiría "amor" por "pareja". Considerando que "pareja" es más amplio que "amor" y que, el que busca pareja puede pretender: posesión del otro, seguridad económica, apariencia social y aseguración en la vejez, pero también amor. Es muy importante diferenciar por tanto ambos conceptos.


Sabiendo entonces que para mí el amor en particular, es decir, el enamoramiento es el sentimiento de una persona hacia otra (también existe en el amor general), que lo transporta a una posición particular de idealización (puede existir o no en el amor general), según la cual prentende la correspondencia, la unión y tendencialmente la procreación, ¿se puede amar verticalmente? (a varias personas a la vez), ¿se puede amar horizontalmente? (a varias personas diferentes a lo largo del tiempo).


6.706.993.152 es el número de personas que habitan en la tierra. A lo largo de nuestra vida iremos conociendo a una pequeñísima parte de ella. Si el amor en particular es también idealización, a una pequeña parte de la pequeña parte de personas que conoceremos, llegaremos a idealizarla. Hoy día 7 de noviembre de 2009 puedo afirmar que mi plato favorito son las croquetas. Me gustan hasta tal punto que considero que ningún otro plato me gustará nunca a tal nivel. Pero quizás un día al probar otro, me de cuenta de que era posible idealizar aún más. Por lo que, la respuesta para la pregunta sobre el amor en horizontal podría ser que se puede amar a varias personas a lo largo del tiempo, siempre que la siguiente supere a la anterior, puesto que es el único modo en cada una de las veces sea para nosotros la manera conocida máxima de amor (y por tanto, de idealización máxima).


La respuesta del amor en vertical es para mí mucho más fácil. Si entre los factores del amor en particular están el de la idealización, y esta es una línea sobre la que se encuentran diversos grados, podemos considerar que en un momento X del tiempo, dados los individuos Y, Z, B, siempre habrá uno cuya idealización supere al otro, aunque varios se encuentren por encima de la línea imaginaria. Así, si además el amor en particular no es amor en particular sólo por estar por encima de la línea imaginaria sino por ocupar el máximo nivel de la línea imaginaria: al ser el enamoramiento el grado máximo de una combinación de ciertos factores, y al sólo una persona poder obtener el estatus de grado máximo, no se puede amar a varias personas al mismo tiempo.


A mi persona X, la más inteligente del mundo, de su persona Y.